Me
vestí, me lavé la cara, bajé a desayunar, me cepillé los dientes
y me maquillé.
¡Siempre
igual!
Cogí
la mochila y me puse en dirección instituto.
Al
llegar, allí en la puerta vi a Rocío , estaba esperándome como
todos los días.
Ella
me abrazó fuerte y me dijo que me olvidara de todo, que sería una
simple broma de mal gusto.
Seguidamente
nos metimos en el instituto, en la clase que teníamos ahora
estábamos juntas, en el mismo aula, la “querida” clase de
matemáticas.
Llegó
el recreo, fui al baño.
Me
miré en el espejo para retocarme el maquillaje , cuando de repente
algo sonó detrás de una de las puertas.
Era
un llanto, fui hacia allí, abrí la puerta y no había nadie, pero
en el suelo había una papel que ponía : no es una broma como tu
amiguita dice.
Chillé,
rápidamente cogí el papel del suelo y me lo llevé.
Corrí
hacia la cafetería que estaba Rocío comprando algo para picar, y le
enseñé la nota, y le dije que había escuchado antes.
No
lo entendía... ella también estaba asustada.
Me
encontraba fatal, entonces decidí llamar a mis padres para que
vinieran a por mí, con la excusa de que estaba mareada y con el
estómago mal.
Llegué
a casa, y me metí en la cama nada más llegar.
Por
la mediodía llegaron mis padres y me despertaron para comer, yo les
dije que seguía sintiéndome mal, pero la verdad es que no tenía
nada de hambre.
Así
que les dije que estaría más tiempo en la cama.
No
me volví a dormir, estuve pensando y pensando, pero cada vez lo
entendía menos.
Dos
horas después me levanté, y llamé a Rocío para que me contara las
cosas que habían dado en las clases que yo no he estado, y los
deberes que habían mandado.
Me
dijo que iba a ir a mi casa a estar conmigo, que yo estaba fatal y no
teníamos ni tareas, ni que estudiar nada.
Llegó
a mi casa, estuvimos hablando un rato hasta que decidimos ver un
película.
Cuando
la estábamos viendo, oímos que alguien entraba en mi casa, así que
fue a la entradita para ver si eran mis padres y decirles que está
también Rocío viendo una película conmigo.
Pero
al llegar no había nadie, miré también en la cocina, pero tampoco
estaban, grité:
-Mamá,
papá ¿dónde estáis?
No
contestaron, pero entonces ¿quién había entrado? Rocío también
lo había escuchado, ya no era una imaginación mía.
Volví
a mi habitación y se lo dije a Rocío, ella respondió que como
podía ser, había escuchado claramente la puerta de mi casa abrirse,
hasta como metían la llave para abrirla.
Decidimos
ir juntas a revisar mi casa, habitación por habitación, pero no
encontramos nada.
Pero
cuando estábamos en la sala de los juguetes oímos como si en la
mesa del salón hubiesen caído las llaves encima, así que corrimos
hacía allí, y no había llave ninguna.
Asustadas
fuimos a mi habitación para apagar la televisión, pero ya estaba
apagada.
Nos
fuimos de mi casa, no queríamos estar allí.
Paseamos
un rato, hasta que mis padres me llamaron para saber donde estaba,
que ya habían llegado a casa y para preguntarme como estaba del
estómago.
Así
que me despedí y me fui para casa.
Al
llegar quedaba poco para la cena, pero yo seguía sin tener hambre.
Me
metí en mi habitación e intenté recordar cada cosa que había
pasado, y escribirlo en un papel.
Desde
el dibujo en la mesa, hasta lo ocurrido esta tarde, cada cosa era
peor que la otra.
No
entendía nada.
Decidí
quemar el papel, de ese modo mis padres no lo encontrarían nunca.
Despejé
la papelera, cogí el mechero azul que tenía en el cajón , y le
prendí fuego al papel, y lo metí en la papelera.
Le
eché el vaso de agua que tenía en la mesa para que se apagara.
La
habitación olía bastante a quemado, así que abrí la ventana de
par en par.
¡Qué
frío entraba!
Esperé
cinco minutos y la cerré.
Me
tumbé en la cama, cogí mis cascos y me puse a escuchar música,
necesitaba evadirme del mundo.
Al
rato mi madre entró en mi habitación, y me quité los cascos.
-Rebeca,
¿por qué no me contestabas?
-Perdón
mamá, estaba escuchando música con los cascos y no escuchaba nada.
-Vale,
no pasa nada. Te decía que vamos a cenar.
-Bajo
enseguida.
Guardé
los cascos negros en el cajón, cuando me dí cuenta que encima de la
mesa estaba el papel que yo había escrito antes, con las esquinas
quemadas, mi letra... ¡LA MISMA!
No
me lo podía creer.
Rápidamente
cogí el papel y lo rompí en cachitos.
Cada
cosa la entendía menos.
Bajé
a la cocina y me senté en la mesa.
Esperé
a que mi madre me pusiera la comida, y ya tenía un poco de hambre,
no había comida desde el desayuno.
Me
tomé el plato de sopa con rapidez, y repetí plato.
Luego
me comí un yogurt y me fui a duchar.
Más
que duchar, bañar.
Necesitaba
un baño urgentemente.
Así
que llené la bañera de agua muy caliente, y me metí.
Estuve
dentro bastante tiempo, me miraba la mano y los dedos estaban
arrugados.
Estaba
tan perfecta , que no quería salir de allí.
No
quería tampoco que en ese momento tan relajante pasara alguna cosa
extraña como tantas que me pasan últimamente.
Llamó
mi hermano a la puerta del baño y ya fue cuando decidí salir del
agua, me puse el albornoz y abrí la puerta a mi hermano.
-Rebeca,
necesitaba el baño y has estado como una hora aquí metida.
-Lo
siento, estaba dándome un gran baño, espera que me seque y me lave
los dientes y entras.
Le
cerré la puerta, me miré en el espejo, estaba empañado todavía,
así que cogí la toalla y la pasé por el cristal.
Cogí
después una toallita para quitarme los restos del maquillaje y
después me lave los dientes.
Me
puse el pijama y abrí la puerta a mi hermano.
Me
fui a dormir, estaba muy relajada gracias al cálido baño.