miércoles, 11 de enero de 2012

MIÉRCOLES



Me vestí, me lavé la cara, bajé a desayunar, me cepillé los dientes y me maquillé.
¡Siempre igual!
Cogí la mochila y me puse en dirección instituto.
Al llegar, allí en la puerta vi a Rocío , estaba esperándome como todos los días.
Ella me abrazó fuerte y me dijo que me olvidara de todo, que sería una simple broma de mal gusto.
Seguidamente nos metimos en el instituto, en la clase que teníamos ahora estábamos juntas, en el mismo aula, la “querida” clase de matemáticas.
Llegó el recreo, fui al baño.
Me miré en el espejo para retocarme el maquillaje , cuando de repente algo sonó detrás de una de las puertas.
Era un llanto, fui hacia allí, abrí la puerta y no había nadie, pero en el suelo había una papel que ponía : no es una broma como tu amiguita dice.
Chillé, rápidamente cogí el papel del suelo y me lo llevé.
Corrí hacia la cafetería que estaba Rocío comprando algo para picar, y le enseñé la nota, y le dije que había escuchado antes.
No lo entendía... ella también estaba asustada.
Me encontraba fatal, entonces decidí llamar a mis padres para que vinieran a por mí, con la excusa de que estaba mareada y con el estómago mal.
Llegué a casa, y me metí en la cama nada más llegar.
Por la mediodía llegaron mis padres y me despertaron para comer, yo les dije que seguía sintiéndome mal, pero la verdad es que no tenía nada de hambre.
Así que les dije que estaría más tiempo en la cama.
No me volví a dormir, estuve pensando y pensando, pero cada vez lo entendía menos.
Dos horas después me levanté, y llamé a Rocío para que me contara las cosas que habían dado en las clases que yo no he estado, y los deberes que habían mandado.
Me dijo que iba a ir a mi casa a estar conmigo, que yo estaba fatal y no teníamos ni tareas, ni que estudiar nada.
Llegó a mi casa, estuvimos hablando un rato hasta que decidimos ver un película.
Cuando la estábamos viendo, oímos que alguien entraba en mi casa, así que fue a la entradita para ver si eran mis padres y decirles que está también Rocío viendo una película conmigo.
Pero al llegar no había nadie, miré también en la cocina, pero tampoco estaban, grité:
-Mamá, papá ¿dónde estáis?

No contestaron, pero entonces ¿quién había entrado? Rocío también lo había escuchado, ya no era una imaginación mía.
Volví a mi habitación y se lo dije a Rocío, ella respondió que como podía ser, había escuchado claramente la puerta de mi casa abrirse, hasta como metían la llave para abrirla.
Decidimos ir juntas a revisar mi casa, habitación por habitación, pero no encontramos nada.
Pero cuando estábamos en la sala de los juguetes oímos como si en la mesa del salón hubiesen caído las llaves encima, así que corrimos hacía allí, y no había llave ninguna.
Asustadas fuimos a mi habitación para apagar la televisión, pero ya estaba apagada.
Nos fuimos de mi casa, no queríamos estar allí.
Paseamos un rato, hasta que mis padres me llamaron para saber donde estaba, que ya habían llegado a casa y para preguntarme como estaba del estómago.
Así que me despedí y me fui para casa.
Al llegar quedaba poco para la cena, pero yo seguía sin tener hambre.
Me metí en mi habitación e intenté recordar cada cosa que había pasado, y escribirlo en un papel.
Desde el dibujo en la mesa, hasta lo ocurrido esta tarde, cada cosa era peor que la otra.
No entendía nada.
Decidí quemar el papel, de ese modo mis padres no lo encontrarían nunca.
Despejé la papelera, cogí el mechero azul que tenía en el cajón , y le prendí fuego al papel, y lo metí en la papelera.
Le eché el vaso de agua que tenía en la mesa para que se apagara.
La habitación olía bastante a quemado, así que abrí la ventana de par en par.
¡Qué frío entraba!
Esperé cinco minutos y la cerré.
Me tumbé en la cama, cogí mis cascos y me puse a escuchar música, necesitaba evadirme del mundo.
Al rato mi madre entró en mi habitación, y me quité los cascos.
-Rebeca, ¿por qué no me contestabas?

-Perdón mamá, estaba escuchando música con los cascos y no escuchaba nada.

-Vale, no pasa nada. Te decía que vamos a cenar.

-Bajo enseguida.

Guardé los cascos negros en el cajón, cuando me dí cuenta que encima de la mesa estaba el papel que yo había escrito antes, con las esquinas quemadas, mi letra... ¡LA MISMA!
No me lo podía creer.
Rápidamente cogí el papel y lo rompí en cachitos.
Cada cosa la entendía menos.
Bajé a la cocina y me senté en la mesa.
Esperé a que mi madre me pusiera la comida, y ya tenía un poco de hambre, no había comida desde el desayuno.
Me tomé el plato de sopa con rapidez, y repetí plato.
Luego me comí un yogurt y me fui a duchar.
Más que duchar, bañar.
Necesitaba un baño urgentemente.
Así que llené la bañera de agua muy caliente, y me metí.
Estuve dentro bastante tiempo, me miraba la mano y los dedos estaban arrugados.
Estaba tan perfecta , que no quería salir de allí.
No quería tampoco que en ese momento tan relajante pasara alguna cosa extraña como tantas que me pasan últimamente.
Llamó mi hermano a la puerta del baño y ya fue cuando decidí salir del agua, me puse el albornoz y abrí la puerta a mi hermano.
-Rebeca, necesitaba el baño y has estado como una hora aquí metida.

-Lo siento, estaba dándome un gran baño, espera que me seque y me lave los dientes y entras.

Le cerré la puerta, me miré en el espejo, estaba empañado todavía, así que cogí la toalla y la pasé por el cristal.
Cogí después una toallita para quitarme los restos del maquillaje y después me lave los dientes.
Me puse el pijama y abrí la puerta a mi hermano.
Me fui a dormir, estaba muy relajada gracias al cálido baño.

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